La escalera

Escalera

Hormiguera sensación que sentía dentro de mi estomago, dentro de aquella siniestra habitación de cuatro cuadros. Esas pinturas que parecían estar teñidas en la más fresca sangre, eran tan frías, tan familiares.

Para serles sincera, el miedo era imposible de evadir, al igual que el horrible sonido que provenía del pequeño cuarto de al lado. Eran desesperados gritos que formaban una pequeña y tenebrosa melodía, más que tenebrosa, parecía maligna.

En aquella sucia y oscura habitación, solo una escalera en el medio que colgaba de gastadas cuerdas me mantenía con vida. Lo único que me impedía subirlas era la maldita duda, eso era lo que me detenía. Una escalera que me llevaría a una pared, a la estúpida pared que me atormentaba con sus malignas pinturas.

Se me dificultaba caminar, pues hasta el más insignificante objeto, era mantenido en su lugar con oxidados clavos invisibles. Nunca he tenido problemas para mirar en la oscuridad, razón que me mantenía alerta.

Desesperada me propuse a escapar del horrible lugar, mis pasos hacia estas pinturas se hacían interminables y a su vez el tamaño de los marcos aumentaba. Para que esto no me detuviese, con mis ojos cerrados corrí como nunca antes lo había hecho sobre esa extraña escalera.

El camino terminado me revelaba que aquellas pinturas no colgaban, sino que estaban simplemente puestas. Quise levantarlas pero ya sus pesos y tamaños habían superado al de mil hombres.

Herida por la realidad y la fantasía di vuelta atrás y regrese a mi placentero lugar. Ya mis polvorientas manos no poseían uñas ni dedos, mis miedos y el tiempo los han acabado. Sin haberme fijado, aquella horrible melodía del cuarto de al lado ya no me seguía molestando, al contrario, me hechizaba.

Era como que si me hubiera transformado en un monstruo, solo deseaba comer y seguir viviendo. La luz del nuevo día había llegado a mi ventana, pero el miedo que me abrumaba me obligaba a alejarme de la misma. Cuando los cuadros fueron alcanzados, vi en ellas a mis hermanas “Esas pinturas que parecían estar teñidas en la más fresca sangre, eran tan frías, tan familiares” Aterrorizada subí aquella escalera que sostenía de gastadas cuerdas, No sabía si se trataba de una pared o del suelo, sinceramente ya no me importaba. Al entrar al cuarto de al lado, sabía que era hora de comer, aquellos desesperantes gritos comenzaban a tener sentido.

Aliviada de saber cuál era mi realidad me alimente de aquellos seres tormentosos, mis temores y mis dudas se habían ido. Regresando a mis humildes aposentos para un merecido descanso, cerré nuevamente mis ojos recordando todo lo sucedido. Eso fue hasta que mi hermosa escalera capturara más almas para mi noche eterna, la noche siniestra de una mujer araña.

Autor: Anónimo.

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