Mi viaje al infierno

Ataúd

Estaba desorientado y confundido, acababa de despertar de un profundo sueño de no sé cuanto tiempo, no podía recordar muy bien lo último que hice pero no me importó. Al cabo de un rato el mareo pasó, así que decidí abrir mis ojos pero para mi sorpresa me topé con la más absoluta de las tinieblas, no podía ver nada.

Al tratar de de levantarme me di cuenta que mi cuerpo estaba paralizado, lo único que sentía era una sensación de parestesia en mis miembros, en ese momento sentí un poco de miedo pero decidí relajarme, después de todo no era la primera vez que me pasaba. Poco a poco la sensibilidad llegó a mis dedos y los empecé a mover lentamente, transcurrido un tiempo pude mover un poco uno de mis brazos.

La necesidad de saber donde me encontraba me llevo a tantear con la mano la superficie donde estaba acostado. La textura era suave como seda y debajo como acolchado, al hacer un poco de presión sentí algo duro. La confusión se hizo más grande, no podía definir donde me encontraba, el calor era sofocante y el aire espeso.

Empecé a mover los dedos de los pies y a contraer los músculos de las piernas para recobrar la sensibilidad. ¡Por fin lo había logrado! y al mover una de mis piernas mi rodilla golpeo con algo a unos cuanto centímetros sobre mí, el sonido del golpe fue seco.

En ese momento mi corazón se aceleró y una aterradora idea cruzó por mi mente. El sobresalto fue tanto que hizo que mi cuerpo recobrara de nuevo la movilidad y al intentar levantarme mi cabeza golpeó fuertemente con algo duro, comencé a tocar todo a mi alrededor y mis sospechas se vieron confirmadas: estaba dentro de un cajón.

Una calma extraña me invadió en ese momento e intenté reflexionar sobre mi situación, ¿es un sueño?, ¿o tal vez una broma?, ¿qué hago aquí? ¿Cómo pasó esto? y en voz alta dije: ¡Hola!, ¿Hay alguien aquí?, pero mi voz sonaba apagada y no recibí respuesta, de nuevo empecé a suavemente tocar el cajón, cada vez con más fuerzas hasta que se convirtió en golpes, mi calma en desesperación y mi voz en gritos: ¡saquénme de aquí!, auxilio! saquénme de aquí por favor!

Mi mas temida pesadilla se había hecho realidad: ¡me habían enterrado vivo!

El más indescriptible terror se había apoderado de mí, mis piernas y brazos golpean sin control el ataúd y mi raciocinio era el de un animal salvaje acorralado. La muerte era inevitable y las fuerzas me abandonaban.

De pronto unos golpes en el exterior hicieron que me detuviera y de nuevo grité ya muy debilitado: ¿hay alguien ahí? ¡ayuda! y unas voces masculinas ininteligibles en el exterior me respondieron, en ese momento perdí el conocimiento.

Al despertar me encontraba en el hospital y mis familiares me rodeaban, al preguntar que había pasado ellos me dijeron que me volvió a dar un ataque como los de siempre pero que esta vez me dieron por muerto, por suerte me habían enterrado en la tumba familiar, una tumba exterior y uno de mis hermanos que se había quedado un rato mas después de mi funeral me escucho gritar.

Él me confesó que estuvo a punto no hacer caso porque la voz era muy débil y pensó que era una mala pasada de su mente.

Autor: Bernie.

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