Tras mi ventana

Ventana

Abrí las cortinas lentamente y pude ver lo que allí acontecía: la vida exterior. Quise ver un poco más lejos y con ayuda de mis binoculares lo pude hacer, era tan interesante y maravilloso ver como los aviones atravesaban el cielo en línea recta, y ver como las personas disfrutaban de un agradable día soleado.

Sentí deseos de saber más de ese mundo exterior, ese mundo que se veía tan alegre y tan movido. Vivir ese mundo era algo que nunca había aprendido a hacer, y ya era un poco tarde para intentarlo.

Pasé la mirada rápidamente por la calle y noté que un cuerpo se escondía detrás de un poste de luz, eso me dio curiosidad y no le quité la mirada de encima durante unos 2 minutos, luego de eso aquella persona no soportó más y salió de su escondite, era una chica, que me observaba desde allá abajo.

Quedé paralizado, no sabía si esconderme o nada más verla allí parada.

Por un momento pensé que ella también sintió lo mismo que yo, ese miedo a ser observado por un desconocido, un sentimiento que te hace ver la vida detrás de un cristal, sin sentirla y mucho menos vivirla.

Al poco tiempo aquella chica se marcho sin más, dejando solo el recuerdo de su inusual mirada. Mis ojos empezaron de nuevo a recorrer el lugar y veía lo mismo que antes, un parque lleno de gente que reía y se divertía.

De repente el cielo se nubló, el tono gris del firmamento espantó a los asistentes que, rápidamente, abandonaron el lugar. Ya no tenía a quien observar, solo tenía un sitio rígido y silencioso que soportaba cada gota de agua que lo inundaba gradualmente; pero, transformando el paisaje, una figura encapuchada y con un gran abrigo entró en escena y se posicionó en mitad del parque, se quedó allí no más aguantando la feroz llovizna.

El silencio reinó el lugar adoptando un ambiente de frialdad y misterio, lentamente el cielo se empezó a oscurecer, caía la noche y junto a ella un sinfín de estrellas adornaba el paisaje. De repente aquel ser alzó la cabeza y recorrió el sitio con ella; cuando parecía que había terminado fijó su mirada en mi dirección, me observó y bajando la cabeza se marchó del lugar.

Pasaban las largas horas y parecía que la lluvia cesaba y lentamente las farolas de la calle se encendían, ya era hora, ya era el momento, de salir a ese mundo habitado de día y desolado de noche.

Mi reloj marcaba las 11:50 pm, era el tipo de hora en el cual las personas yacían en sus casas con su familia, era muy difícil, casi imposible, encontrar persona alguna que paseara por las calles a esa hora; digo casi, ya que yo era el único bajo las nocturnas luces de neón.

Cada paso me adentraba más en mis pensamientos, caminaba sin rumbo observando las sillas vacías, los pasillos solos, las aceras desoladas, lugares donde generalmente la gente pasa su día a día. Me senté en una de esas mojadas sillas que quedaban al frente del teatro local.

El tiempo pasaba rápidamente mientras observaba los anuncios de las obras que hoy se habían presentado, y las que mañana presentarían, pero mi lectura fue interrumpida por unos lejanos pasos que se acercaban a mi silla. Un cuerpo se sentó en la banca y observo los mismos letreros.

-¿Te gusta el teatro?- Preguntó una silenciosa voz que emanaba de mi derecha.

-No- respondí mirando fijamente el teatro –solo tenía curiosidad.

-Hmm ya veo, a mí sí me gusta, y como estás viendo fijamente el recinto, pensé que a ti también.

No le respondí nada, solo esperaba que se marchara para seguir en lo que estaba. Durante los diez minutos que estuve sentado, ni yo ni aquella persona nos vimos las caras, solo mirábamos el teatro sin sentido alguno.

El silencio se rompió de nuevo cuando una patrulla se detuvo y se interpuso entre las sillas y el teatro. Mi mirada se perdió en ese instante y sentí la necesidad de mirar aquella persona. Cuando volteé mi cara observé a aquella chica que nunca antes había observado, y noté que también era aquella que, bajo la lluvia, había estado.

Una sonrisa se pintó en su rostro y miró fijamente mis ojos.

-Sí, yo era aquella, la que se escondió y la que te observó, te estuve esperando- me dijo con tranquilidad.

-¿Esperando, para qué? – Pregunté con una mirada de extrañeza.

-Sí, esperándote. Pensé que saldrías de tu casa, atravesarías la calle y te dirigirías a mí, pero por alguna razón no fue así- Contesto mirando mis manos.

– ¿Acaso no es que querías salir al mundo?

Quedé sorprendido, era como si hubiese leído mi mente. Solo podía pensar que tal vez, solo tal vez, ella sí sentía lo mismo que yo al ver tras mi ventana: salir a ese mundo y hacer parte de él, y no quedarme observando la vida pasar sin que ella pasara por mí.

Tomó mis manos lentamente y me hizo levantar de la silla, y acercando su cara a mi oído me susurró suavemente: “solamente vive”.

Cerré los ojos por un momento y me sentí aliviado; ella tomó de nuevo mi mano y nos fuimos alejando de aquella silla.

-¡Alto joven!- dijo uno de los policías que se había bajado de la patrulla. Volteé la cabeza y no pronuncié palabra.

¿Qué hace a estas horas en un lugar como este? – Preguntó mientras su compañero se bajaba del vehículo.

-No se preocupe oficial, ya nos íbamos- respondí dándole la espalda al par de policías y continuando mi camino junto a ella.

Los policías volvieron a la patrulla y continuaron su ruta por el lugar.

-¿Ya nos íbamos? Pero si no estaba con nadie. – pregunto el policía a su compañero de turno.

-Debe ser uno de esos locos nocturnos que viven hablando solos, pero ellos creen que lo hacen con alguien. Mejor vámonos.

Autor: Gnoside.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *